LaSaladaPor Gabriel Sivinian (*). La Feria de La Salada ha sido, los últimos meses, un tema abordado por todos los medios de comunicación. Delitos de todo tipo y denuncias por complicidades políticas, policiales y judiciales con esos hechos se han reiterado hasta el hartazgo en distintos ámbitos, con un alto grado de estigmatización para los habitantes de esa zona de Ingeniero Budge y un uso abundante del lugar común en las intervenciones de "especialistas". El auto de esta nota de opinión es docente de una escuela de esa zona y reflexiona sobre el lugar del Estado y la escuela pública en este entramado. 

 

Cuesta comenzar la clase. Son pocos los estudiantes presentes y se percibe la turbación en la mayoría de ellos. Resulta difícil acceder a la Escuela, sobre todo para quienes deben atravesar las calles circundantes a las Ferias de La Salada, literalmente invadidas por fuerzas de seguridad estatales de los órdenes nacional, provincial y municipal.

 

Algo nos vamos enterando quienes llegamos al establecimiento en el turno de la mañana. Los primeros noticieros del día abrieron sus programas con el reporte de la detención del “rey de La Salada”. El corte de la policía local en la Ribera modifica el recorrido de los colectivos y debemos caminar más de lo habitual. Entonces, percibimos los alterados movimientos en el barrio y los ruidos de sirenas y helicópteros que se dirigen hacia Virgilio. A media mañana, algunas madres aportan y las publicaciones en las redes sociales nos dan un panorama de lo que está ocurriendo. Pero son los chicos del turno tarde quienes traen nuevas informaciones y, sobre todo, sus vivencias.

Entre ellos toma la palabra Elisa, que no se distingue por su locuacidad, pero hoy necesita conversar. Relata que en la madrugada allanaron violentamente su casa porque el papá está haciendo unos trabajos de construcción para “los chaqueños” y, en los últimos días, tuvo contacto telefónico con alguno de ellos. Continúa diciendo que, por suerte, los agentes de Gendarmería Nacional se fueron hacia las manzanas de atrás y no detuvieron a nadie de su familia. No tuvo la misma fortuna Pablo, más acostumbrado a tomar la palabra grupalmente. Su padrastro tiene a cargo la seguridad de un depósito de mercaderías que se venden en los puestos callejeros y todavía se encuentra demorado, aunque no en una situación complicada, según su averiguación o su deseo. La conversación continúa, impostergable, y el tema de clase queda definitivamente relegado.

Sucede que en esta tarde templada de junio, el Estado en sus diferentes niveles de gobierno, se ha hecho presente en Ingeniero Budge y, por ende, también en nuestra escuela pública. Claro que se manifiesta a través de la peor de sus caras: son los distintos aparatos represivos quienes se despliegan por esta geografía del conurbano. No es que estas fuerzas se hubieran ausentado durante los últimos años; pero se evidencia un cambio cuantitativo y, sobre todo, cualitativo en su accionar. Los rostros de sus integrantes y las características de la ocupación territorial así lo demuestran.

Estas instituciones estatales arriban con el múltiple objetivo de “terminar con un Estado paralelo, las mafias políticas, judiciales y policiales, la violencia de género, el trabajo clandestino, la explotación infantil, el comercio ilegal y la evasión impositiva, la usurpación del espacio público y la extorsión”, lacras sociales denigrantes para los sectores populares y la sociedad en general. Por supuesto que el apuntado como responsable del conjunto de esos males no pertenece a la élite oligárquica, ni al directorio de una empresa transnacional, ni a la “Ceocracia” en el poder y ello, el carácter bastardo de su “reinado”, más que los delitos investigados, constituye su pecado original.

Sin embargo, más allá de este complejo fenómeno social que significan las Ferias, la novedad consiste en que el Estado se encuentra de regreso, tras un año y medio de ausencia, en este barrio suburbano de Lomas de Zamora y en la Escuela. Tiempo más que considerable en un ciclo escolar, durante el cual no hemos recibido nada de lo que habitualmente complementaba nuestra tarea pedagógica: desde lápices hasta mobiliario, desde libros hasta netbooks.  

Ciertamente, el Estado ha abandonado a estos chicos a su suerte, pero no solamante por desfinanciar a su Escuela Pública. También los ha desatendido mediante el vaciamiento de programas socio-educativos;  eliminando planes asistenciales en salud; descuidando el saneamiento de la cuenca del Matanza-Riachuelo; afectando sus derechos con la devaluación de sus asignaciones o por medio de macro políticas que dificultan o impiden a sus familias la elemental satisfacción de sus necesidades básicas, entre otras estrategias.

Pero ahora, el Estado se encuentra de regreso.

Claro que teníamos indicios de su vuelta, desde que el insuficiente aumento del presupuesto para el comedor escolar de la Primaria nos permite, en días de menor concurrencia como el de hoy, que los más pequeños compartan la comida con nuestros estudiantes de la Secundaria.

Sin embargo, este retorno estatal debe ponerse en consideración.

En tiempos de aumento del desempleo, el Estado reaparece para combatir abusos y delitos cometidos en el marco de la economía informal, y de paso, como “efecto colateral”, agrava el problema de la desocupación.

No obstante, parece que sus fuerzas de seguridad se quedarán entre nosotros para protegernos del incremento de la degradación social que este ciclo neoliberal ha reiniciado. Las mismas políticas que en los albores de los noventa crearon las condiciones para el surgimiento de las Ferias, sus reyes y siervos, pero también sus trabajadores y pequeños emprendedores.

Elisa, Pablo, sus compañeros, hermanitos, sobrinos, familiares y amigos de su edad no tienen  de que preocuparse. El Estado vuelve y persigue sólo un objetivo: proteger sus derechos, sólo que a través de sus fuerzas represivas.

Así lo hace desde principios de año al enfrentar, agraviar e incluso reprimir a sus maestros, empecinados en afirmar sus conquistas laborales, la vigencia de las leyes y el derecho a la educación.

Los docentes de los barrios del conurbano bonaerense ya conocemos esta historia y sabemos cómo continúa, si es que no logramos revertirla: mayor asistencialismo, ausentismo y deserción escolar, violencias y agravamiento de los consabidos problemas sociales, ligados al aumento de la pobreza.

Cae la tarde y una docena de nuevas patrullas provinciales circulan rauda y estridentemente por la Ribera, desde las Ferias hacia Puente La Noria. Siguen las calles cortadas y también la dificultad para adivinar el recorrido de los colectivos. Paso frente a la estación de bombeo en construcción, allí donde el arroyo del Rey desemboca en el río Matanza. La obra no avanza desde el cambio de gestión, pero un cartel, producto de la mercadotecnia del actual gobierno, afirma que “el Estado es estar”. Camino hacia el Hospitalito “Oscar Alende” considerando esa frase polivalente, que puede justificar tanto políticas represivas como de promoción social y pienso: si el Estado es estar, entonces que comience a dar presente en la Escuela Pública.

(*) Profesor de Ciencias Sociales de una escuela pública de la zona de La Salada, en Ingeniero Budge.

   
   
   
   
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